“Somos extras en las historias de otros, personajes
secundarios que ni siquiera aparecen en ningún libreto” - C. Híbrida
Desde joven me ha gustado leer. Aún recuerdo el primer libro que leí, y al cual propiamente podía llamar: mío. Me lo gané en un concurso de literatura en el colegio, con motivo de la semana del libro, "Soñar con la Ciudad" de un autor panameño. Desde entonces me vi en la tarea de leer algo periódicamente; sin embargo, mi amor por los libros lo descubrí hace un par de años atrás.
Una tarde en la oficina, navegando por la Internet y buscando una historia que me llamara la atención, que me atrapara, que me ayudara a escapar del mundo que me rodeaba, al menos por unos instantes, y que me mostrara una tierra de sueños y realidad, me encontré con la reseña de un libro, que desde su publicación en 2003 había atraído a millones de lectores de todo el mundo. Su título; "La Sombra del Viento"; su autor, Carlos Ruiz Zafón, español y a quien, sin miramientos, puedo proclamar mi escritor favorito.
La Sombra del Viento se caló en mi ser y se quedaría arraigado en mi memoria para siempre. Personajes inolvidables. Situaciones descabelladamente sorprendentes. Lugares descritos con premura y esplendor. Jamás pensé que un relato de la Barcelona de antes de mediados del siglo pasado me sedujera, me envolviera tan fácilmente. Por primera vez experimenté cómo un lugar podía convertirse en un personaje más de una historia; esa Barcelona de posguerra era la verdadera protagonista. Vivía, respiraba, hablaba. Sentía. En especial un lugar, oculto a los ojos de la gran ciudad, pero que sin dudas era su motor, su corazón: El Cementerio de Los Libros Olvidados.
Sí, "La Sombra del Viento" ha marcado mi vida inexplicablemente. Pude imaginarme en aquel lugar de ficción, donde todo tipo de manuscrito llegaban para ser más que guardados u olvidados; para ser encontrados, descubiertos. Así como Daniel, el aventurero de la historia, lo descubriera de niño. Como éste, algunos otros libros han llegado a mis manos. Decenas, hace rato que perdí la cuenta. Unos más relevantes que otros, pero que sin dudas, alguna enseñanza me han dejado.
Es así como llego al punto al que deseo aterrizar. En mi necesidad de leer, me he encontrado con muchas historias que, por diferentes razones, no llegan a cautivarme del todo, pero que no puede desechar. Las dejo a un lado por un tiempo, para luego retomar su lectura. Un pequeño grupo de libros por terminar, que abandono por un tiempo para despojarme de cualquier predisposición y, haciendo honor del laborioso arte y talento del escritor, continuar leyendo.
Ahora, luego de algún tiempo, puedo relacionar con la vida, al menos con la mía, ese lugar descrito por Zafón. Un lugar ficticio donde abandonamos algunas historias de nuestra vida, relaciones que echamos a un lado porque no podemos desaparecerlas del todo. Hace un par de días, me encontré en mi propio archivo de historias por terminar. Una relación inconclusa. Una persona, a la que no traté del todo bien meses atrás, apareció inesperadamente. Tuvimos la oportunidad de aclarar lo no aclarado. Poner los puntos donde había que colocarlos. Hablamos y nos escuchamos. Todo quedó solucionado entre nosotros. Y puede que no nos volvamos a cruzar en la vida, pero quedo con la satisfacción de darle un final a la historia.
Es bueno que de cuando en vez nos pasemos por nuestro archivo de historias por terminar, nuestro "Cementerio de Libros Olvidados", y, para seguir con nuestro camino, darle un verdadero final a aquellas historias inconclusas.
