Nos negamos los "te quiero" por temor a ser contestados con un "está bien".
Una relación con el sexo como carta de bienvenida, sin saber que dentro del recinto nos encontraríamos con el banquete de un amor apasionado. Y miramos de reojo los movimientos del otro con miedo a probar del plato primero y parecer desesperado; aún cuando el hambre del querer hacía ruido dentro de nuestros cuerpos y nos provocaba un dolor incómodo que nos alejaba, con la esperanza de que la distancia trajera mejores sensaciones.
Ya en otro lugar, lejos el uno del otro, el recuerdo del roce de nuestras pieles volvía a traernos esa sensación ácida. Demasiaso para ambos, demasiado tarde para un nosotros.
Y sí, algunas noches sueño con que el tiempo dé marcha a atrás, que las manecillas del reloj giren incontrolables en reversa y nos devuelva a aquellas noches tan perfectas en la que abrazados compartíamos el aire de la misma habitación.
Dónde quedaron esos días en que el sonido de tu voz alegraba mi jornada, en los que nuestras conversaciones sobre libros y tecnología llenaban nuestras emociones. Y no por la plática en sí, que me podía parecer inverosímil, sino por el compartir esas cosas en común.
Y escribo en plural aunque es mi corazón el que habla en primera persona, porque tengo la certeza irrefutable de que sentíamos lo mismo.
Muy tarde ya. Hoy que te volví a ver el hado me lo volvió a escupir en la cara: MUY TARDE YA!
Mi mundo son los libros, es la música, son las películas y las series de TV. Son las personas que me rodean. Son cosas inverosímiles, es lo fantástico y es lo invisible. He aquí un poco de él, tan diferente al tuyo, pero con las mismas verdades relativas.
martes, 19 de junio de 2012
jueves, 7 de junio de 2012
COMO UN NIÑO
Hace
algunos meses tuve un “incidente administrativo” —por llamarlo de alguna
manera—, en cuanto al cambio del cheque pago quincenal. Esas interminables filas mientras los/as
cajeros del banco se toman su tiempo para atender a cada cliente. Estuve 35 minutos esperando, una vez hube
llegado a la caja, después de las
revisiones correspondientes, me informan que no pueden cambiar mi cheque. Me dirijo a atención al cliente para que 20
minutos más tarde me indiquen que la chequera usada por la empresa era nueva y
no había sido activada, razón por la cual no podía cambiar mi cheque.
Cuando
vuelvo a la oficina —suerte que el banco queda en el edificio contiguo—, me
entero que a “alguien” se le pasó activar los cheques meses atrás y ahora
algunos colaboradores y yo debíamos esperar
a que hicieran el papeleo de urgencia y poder recibir nuestros
pagos. En fin, me tocaba esperar. Y yo estaba… Bueno, estaba vuelto un manojo de
enojos y con deseos de deshacerme en improperios; en palabras más comunes: ‘taba
bien kabria’o!
4:55
p.m. Recursos Humanos llama a mi
extensión para informarme que podría cambiar mi cheque de pago.
AHORA??? ¬ ¬
Esa noche
tenía un compromiso, así que necesitaba plata.
Me tocó tragarme mi “kbreación” e irme al Bac dentro de un
Price-Mart. Allí tuve que decirle a una
señora que me dejara entrar con ella, porque obviamente no tengo tarjeta de
socio. Por cierto, la fila en la pequeña
sucursal del banco estaba larguísima. Otra vez, me tocaba esperar —cosa que
detesto–. Y esperando, aún con enojo por el tiempo perdido, fue que
desee volver a ser como un niño.
*******
Ya llevaba una hora en la fila, quedaban algo más de 5
personas delante de mí. Recuerdo una
mujer afro descendiente con sus dos hijos varones, aún vestido con el uniforme
de un colegio privado. Delante de ellos,
una mujer asiática con su hija. Los 3
niños tendrían entre 5 y 8 años cuando mucho.
Mientras yo divagaba entre mis agobiados deseos de encontrarme con mis
amigos para beber, el resto de las personas en la fila se quejaban de la
lentitud de la cajera y en sus mentes revoloteaban aves de preocupación y
desencanto. Sin embargo, esos niños que no se conocían de nada jugaban juntos,
alegres, felices, amigos en dos pasos, en 30 segundos. Y así hasta que sus madres los separaron.
Los infantes están en este mundo absurdo, pero lejos de
cualquiera de sus preocupaciones.
Siempre dispuestos a mostrar una sonrisa, a no guardar rencor, a perdonar. Un
niño siempre tendrá tiempo para compartir, para soñar, para curiosear. Hace mucho que dejamos nuestra niñez —tal vez
antes de tiempo—, pero siempre estaremos a tiempo a retomar esas cualidades de niños
y aún permitirnos sorprendernos por las cosas buenas de la vida e incluso de
las cosas buenas de las personas.
domingo, 15 de abril de 2012
MI ENEMIGA #1
Así no se viste una persona normal.
¿Por qué escuchas rock? Esa música del demonio.
¿Para qué te tatúas?
¿Por qué andas con ese tipo?
Y esto es sólo por mencionar algunos ejemplos de todo tipo
de preguntas y afirmaciones que dictan las reglas de conductas generalmente
aceptadas por la sociedad, las personas que nos rodean. Los que tienen peores
vicios de los que juzgan. Que se escudan en el razonamiento de sus prejuiciadas
mentes. Que se limitan a aceptar sólo sus preconcebidas verdades.
Esta sociedad que nos siembra en el cerebro que para ser “felices”
necesitamos una pareja; o bien, casarnos, formar una familia, tener hijos,
verlos crecer; comprar una casa y, en el mejor de los casos, comprar un auto. Es
cierto, todas estas cosas son buenas y dignas de tener en la lista de
propósitos de fin de año; sin embargo, me pregunto: Y, ¿qué pasa con los que no
tienen alguno de estos ideales? Quienes no tenemos la prioridad de seguir sobrepoblando
la tierra, o casarnos. Para quienes el
amor de pareja va mucho más allá del formalismo de un contrato firmado.
Todas estas ideas sembradas son continuamente regadas por
nuestros cercanos y por los medios de comunicación. Un Hollywood que nos presenta la vida como un
cuento de hadas irreal; donde siempre hay que estar en busca del afecto de otra
persona para llegar a un bueno y repetitivo final: “Y vivieron felices para
siempre”. Y en el afán de satisfacer esta necesidad colectiva a la que somos
empujados, nos equivocamos. Le decimos sí a la primera persona que jura no
hacernos daño, quien nos regala una sonrisa, en quien encontramos aceptación. Para luego darnos cuenta que no es como lo
decían las películas, o como lo narran los cuentos, o como lo escuchamos alguna
vez. ¡Vaya sociedad!
Esta sociedad que te indica que para ser aceptados debemos
comportarnos de cierta manera, que sólo usando ciertos formalismos te estás
conduciendo correctamente; que juzga tu religión; que te dice que debes escuchar
cierto tipo de música, frecuentar algunos lugares y otros que ni por la puerta debes pasar. Ocurre mucho para
aquellos que se ven obligados a ir a un lugar religioso con sus familiares, aún
cuando no les interesa, sólo por cumplir. ¿Qué clase de hipocresía es esta? Si
al final no estás disfrutando de lo que haces, de profesas algo sólo por complacer
a alguien más, que muy posiblemente esté siguiendo un patrón aprendido, en contra de su criterio
propio. Si es que llega a desarrollar uno. !Vaya sociedad!
Esta sociedad que pretende meternos en la cabeza, a golpes,
que sólo si frecuentas cierto grupo de personas estás siendo buen ciudadano,
excelente hijo. Que pretende indicarte
la forma en que debes vestir; que juzga tu personalidad, tu preferencia sexual. Prejuicios que llevan a la gente cometer
errores de los que se puede arrepentir toda la vida. Convicciones escondidas en
aceptaciones que hieren. Personas que por
ocultar sus gustos, sus preferencias, deben usar máscaras, mentir para ser
aceptado. Simplemente para no ser un incorrecto ante aquella sociedad que
oculta sus propios demonios tras la máscara de santas enseñanzas.
Estúpida sociedad que queriendo inculcarte cosas “buenas”,
te impulsan a hacer lo opuesto, como un desquite de tu personalidad -por
llamarlo de alguna manera- para hacerle ver que no estás de acuerdo, y que
reduce tu actitud a un término: rebeldía.
Misma a la que eres conducido por los prejuicios de un mundo hipócrita e
ignorante.
Debemos ser auténticos, únicos, diferentes. No importando los prejuicios, afrontar
nuestra verdad, defender nuestras convicciones. Y como no me dejo llevar por
esas verdades preconcebías es que he de declarar que mi enemiga #1 es la
sociedad.
jueves, 12 de abril de 2012
GRITOS DE VIDA EN MEDIO DE UNA EXISTENCIA DE MUERTE
La historia de UBUNTU: Yo soy porque nosotros somos.
Un antropólogo propuso
un juego a los niños de una tribu africana. Puso una canasta llena de frutas
cerca de un árbol y le dijo a los niños que aquel que llegara primero ganaría
todas las frutas.
Cuando dio la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos, después se sentaron juntos a disfrutar del premio.
Cuando él les preguntó por qué habían corrido así, si uno solo podía ganar todas las frutas, le respondieron: UBUNTU, ¿cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes?
UBUNTU, en la cultura Xhosa significa: "Yo soy porque nosotros somos."
Hace poco
leí esta historia que me causó conmoción. Mensajes sublimes que te tocan el
alma y hacen que recapacites en tus acciones.
Gritos de vida en medio de una existencia de muerte.
En
contraparte a esta historia, hace poco vi la película: “Los Juegos del Hambre”;
también me dejó con profundos razonamientos existenciales. ¿En qué momento de nuestra historia
llegaremos a tales extremos? Tal vez, ya
vivamos de este modo. Recreando esos
juegos del hambre en programas de TV disfrazados de Realty Shows, o menos
ostentoso, ignorando las necesidades de los pueblos marginados por nuestros mega
organizados gobiernos. Estos gobiernos
que tienen como prioridad el derecho de autor, destruir CD’s o DVD’s “piratas”,
los software privados, y la no copia de libros; por encima de las necesidades
básicas de sus pueblos.
Y sería la vía más fácil dejarle toda la culpa a nuestros gobernantes. Se trata de nuestra falta de empatía. Escaso o nulo sentido de humanidad. ¿Cómo es posible que niños de África tengan
tan claro el sentido de humanidad?
Personas sin educación, que no conocen el Dios perfecto que profesamos y
a quien veneramos en occidente. Que viven en medio de un continente en guerra, rodeados de escasez y necesidades. Es su
cultura. Son sus raíces. La semilla intrínseca de vida y supervivencia colectiva que llevan
grabada en su piel, marcada con sufrimiento, con calor intenso, con sed. Ellos que son protagonistas de este juego del
hambre al que le llamamos <<nuestro mundo>>.
¿Y quiénes
somos nosotros? Simples espectadores de este gran show. Como los habitantes del Capitolio, en la
película. Los littles monsters de Lady Gaga. Volteamos el rostro ante la
necesidad de nuestros cercanos. Nos hacemos
de la vista gorda. Encapsulados en la
burbuja de nuestros afanes. Deseosos de que se nos presente la oportunidad de
competir por una canasta de frutas para partir de primeros, justo antes de
escuchar la señal de correr. Colocando piedras en el camino para que el resto
se tropiece. Sin mirar atrás. Sin
tenderle una mano al caído, aún cuando sea un “amigo”. Anhelando obtener la canasta de frutas.
–El fin
justifica los medios –diríamos, con una sonrisota de oreja a oreja.
¿Todo esto
para qué? Justo cuando alcanzamos nuestra meta, sentados con las frutas en
nuestras manos, miramos el camino recorrido y observamos, atónitos, cuanta
gente dejamos tirada, cuánto daño hemos ocasionado. Y permanecemos allí, sin
ánimos de disfrutar lo obtenido. Solos!!!
Gran
enseñanza la de estos niños casi desnudos, con sus pies sucios y descalzos. Compitieron unidos, convivieron, se
deleitaron en el camino entre carcajadas.
Disfrutaron juntos de la canasta de frutas.
Deseo al
menos, en algún momento de mi vida, llegar a repetir esa frase, con un corazón sincero: "Yo soy porque nosotros somos."
lunes, 6 de febrero de 2012
HISTORIAS INCONCLUSAS
“Somos extras en las historias de otros, personajes
secundarios que ni siquiera aparecen en ningún libreto” - C. Híbrida
Desde joven me ha gustado leer. Aún recuerdo el primer libro que leí, y al cual propiamente podía llamar: mío. Me lo gané en un concurso de literatura en el colegio, con motivo de la semana del libro, "Soñar con la Ciudad" de un autor panameño. Desde entonces me vi en la tarea de leer algo periódicamente; sin embargo, mi amor por los libros lo descubrí hace un par de años atrás.
Una tarde en la oficina, navegando por la Internet y buscando una historia que me llamara la atención, que me atrapara, que me ayudara a escapar del mundo que me rodeaba, al menos por unos instantes, y que me mostrara una tierra de sueños y realidad, me encontré con la reseña de un libro, que desde su publicación en 2003 había atraído a millones de lectores de todo el mundo. Su título; "La Sombra del Viento"; su autor, Carlos Ruiz Zafón, español y a quien, sin miramientos, puedo proclamar mi escritor favorito.
La Sombra del Viento se caló en mi ser y se quedaría arraigado en mi memoria para siempre. Personajes inolvidables. Situaciones descabelladamente sorprendentes. Lugares descritos con premura y esplendor. Jamás pensé que un relato de la Barcelona de antes de mediados del siglo pasado me sedujera, me envolviera tan fácilmente. Por primera vez experimenté cómo un lugar podía convertirse en un personaje más de una historia; esa Barcelona de posguerra era la verdadera protagonista. Vivía, respiraba, hablaba. Sentía. En especial un lugar, oculto a los ojos de la gran ciudad, pero que sin dudas era su motor, su corazón: El Cementerio de Los Libros Olvidados.
Sí, "La Sombra del Viento" ha marcado mi vida inexplicablemente. Pude imaginarme en aquel lugar de ficción, donde todo tipo de manuscrito llegaban para ser más que guardados u olvidados; para ser encontrados, descubiertos. Así como Daniel, el aventurero de la historia, lo descubriera de niño. Como éste, algunos otros libros han llegado a mis manos. Decenas, hace rato que perdí la cuenta. Unos más relevantes que otros, pero que sin dudas, alguna enseñanza me han dejado.
Es así como llego al punto al que deseo aterrizar. En mi necesidad de leer, me he encontrado con muchas historias que, por diferentes razones, no llegan a cautivarme del todo, pero que no puede desechar. Las dejo a un lado por un tiempo, para luego retomar su lectura. Un pequeño grupo de libros por terminar, que abandono por un tiempo para despojarme de cualquier predisposición y, haciendo honor del laborioso arte y talento del escritor, continuar leyendo.
Ahora, luego de algún tiempo, puedo relacionar con la vida, al menos con la mía, ese lugar descrito por Zafón. Un lugar ficticio donde abandonamos algunas historias de nuestra vida, relaciones que echamos a un lado porque no podemos desaparecerlas del todo. Hace un par de días, me encontré en mi propio archivo de historias por terminar. Una relación inconclusa. Una persona, a la que no traté del todo bien meses atrás, apareció inesperadamente. Tuvimos la oportunidad de aclarar lo no aclarado. Poner los puntos donde había que colocarlos. Hablamos y nos escuchamos. Todo quedó solucionado entre nosotros. Y puede que no nos volvamos a cruzar en la vida, pero quedo con la satisfacción de darle un final a la historia.
Es bueno que de cuando en vez nos pasemos por nuestro archivo de historias por terminar, nuestro "Cementerio de Libros Olvidados", y, para seguir con nuestro camino, darle un verdadero final a aquellas historias inconclusas.
lunes, 30 de enero de 2012
A TRAVÉS DE OTROS OJOS
“Cómo nos hace falta aquello que no tenemos” – Alicia Serrano
(@chestercita003)
Cuando tenía menos años y por consiguiente, menos
experiencias vividas, recuerdo escuchar repetitivamente el slogan –creo que era
de la feria del libro– que rezaba: “Leer es una aventura”. Con el tiempo comprendería el significado
real de la frase; y sí, leer es una aventura.
Leer es sumergirse en nuevos mundos y cada uno diferente al otro.
No es oculto mi amor por los libros, en todo momento
cito alguna lección aprendida en ellos, versos que han quedado guardados en mi
memoria, personajes que después de haberlos conocido me sorprende lo mucho que
se pueden parecer a gente que me rodea y aún a mí mismo. Soy de los que los prefiere impresos. No cambiaría por nada el placer de sentir la
cubierta de un libro entre mis manos, el olor del papel al ir pasando las páginas
a la vez que descubro la vida de los personajes y la historia que los
envuelve. Sin embargo, disfruto también sabiendo
que se expande rápidamente el mercado del libro online, para que no haya excusa
de altos costos o el tener que cargar a todos lados con un manuscrito. Lo
importante es leer. Y bueno, para aquellos que les adormila y demás, también
existen audio libros. No hay excusas
para adentrarse en esta aventura que permite
enriquecerse y enriquecer a otros. Una
historia bien contada, pueden producir toda una gama de emociones distintas y a
veces, aparentemente contradictorias: sentimientos de curiosidad, bienestar,
regocijo y risa, empatía, tristeza, vergüenza e incluso impacto, debido al poder
que la historia, en sí misma, posee.
Una de las formas más conocidas de contar
grandes y fantásticas historias es a través del cine y la televisión. Estos medios son para maravillar nuestros
sentidos. Fábrica de sueños, donde lo
impensable se materializa. Y a pesar de
esto, no es sólo mero entretenimiento, sino una de las maneras más efectivas de
propagar ideas y así entrar en la consciencia del público.
Muchas de estas historias son originales,
nacidas y pensadas para el cine o bien para la televisión; sin embargo, muchas
otras son adaptadas, tomadas de otros medios, como las novelas. Un ejemplo es la saga literaria aún no
terminada: “Canción de Hielo y Fuego”, con una grande y compleja historia,
adaptada –para mí la mejor opción para hacerle
honor a la historia– a la pantalla chica bajo el título “Juego de
Tronos” (el nombre del primer libro). Por otro lado, algunas otras historias tomadas de la literatura son llevadas a la gran pantalla. La Saga Crepúsculo, El Señor de Los Anillos,
el conocido Harry Potter, Las Crónicas
de Narnia; otras menos fantásticas, Querido John, La Última Canción, Agua para Elefantes y una
reciente: “La Chica del Dragón Tatuado”, basado en la novela “Los Hombres que
no Amaban a las Mujeres” del fallecido escritor Stieg Larsson.
Algunas de estas novelas las leí antes de
su estreno en la pantalla grande, y luego de ver la película obtuve una lección. Cuando vamos al cine a ver la adaptación de
una historia ya conocida, simplemente estamos viendo la interpretación que
alguien más le dio a esa historia. Me pasó
con las 3 estrenadas de Narnia, Agua para Elefantes y La Chica del Dragón
Tatuado, por mencionar algunas. Detalles omitidos, diálogos cambiados,
personajes suprimidos.
Por estos pequeños detalles es que prefiero
los libros. La historia es contada, pero soy yo quien le da la interpretación,
las imágenes, me puedo imaginar los colores, soy yo quien le da la banda
sonora; a parte, puedo ir a mi ritmo y no limitarme a 90 minutos.
No sé si les ha pasado –a mí muchas veces
(ya menos que antes) –, que se dan cuenta que están viviendo la vida según la interpretación
de otra persona; según lo que otro cree correctamente necesario; dándole matices
que alguien más sugiere. Esto no es más
que ver la vida a través de otros ojos.
La incompleta adaptación de tu historia, omitiendo los detalles, las cosas importantes.
Hace algunos años, me dejaba llevar mucho
por las tendencias de la gente que me rodeaba, a escuchar cierta música, a frecuentar ciertos
lugares; maravillado por lo que otros experimentaban. A vivir mi vida, a leer mi historia, a través
de los ojos de alguien más, a echar de menos lo que no tenia y desearlo (como bien dice la frase inicial). Luego, maduraría
lo suficiente como para andar a mi paso y entender que vivir es experimentar,
tropezar, levantarse, caer otra vez, sonreír y saludar, avanzar, aprender, compartir
y muchos verbos más. Especialmente vivir
es eso, vivir. Y que todos
experimentamos la vida de diferentes maneras porque pensamos diferente, somos
distintos y singulares.
No nos dejemos impresionar por la forma en
que otros interpretan su vida, esa es su manera de ver las cosas, esas son sus
circunstancias, son sus hechos. En esta aventura de la vida, de nuestra vida; esa vida que debemos descubrir de a poco, como cuando leemos un libro, párrafo a párrafo, página por página; lo mejor es tomar nuestra historia y vivirla a nuestra manera, a descubrirla y sobre todo a disfrutarla; con esos múltiples detalles que interpretaremos de acuerdo a nuestra verdad, con la banda sonora que escojamos y al paso que podamos.
domingo, 29 de enero de 2012
CUANDO LOS SAPOS NO BESAN A LAS PRINCESAS
¡Esa mujer
es tonta!
¿Cómo deja
que le pegue?
¿Por qué no
lo deja?
¡La va a
matar!
Es común tener estas apreciaciones cuando vemos el maltrato en la casa de otros,
cuando es una vecina o alguien que sinceramente no nos importa que lo esté
viviendo. Nuestra mente puede no
entender cómo una mujer, en esta época, se quede callada ante las agresiones de
su cónyuge. El maltrato intrafamiliar es
tan real como callado. Tan cierto como ignorado. Tan cercano como ocultado.
Normalmente empieza con un noviazgo de cuento de hadas. Se siente simpatía y atracción por la otra
persona; luego se idealiza al punto de creer que es el único ser capaz de
hacerte feliz. Cuando la relación llega
a su punto de madurez y de la noche a la mañana las cosas se tornan grises y agresivas,
cómo huir, cómo escapar.
Pude vivir de cerca el maltrato de un familiar hacia su
esposa, inclusive estuve de espectador involuntario en diversos momentos de
agresión física y algunas más de agresión verbal. Para mí era una situación de impotencia, no
podía hacer nada. Luego de los momentos
de conflicto, venía el perdón, reconciliación y todo como si nada, para luego
volver a iniciar con este círculo destructivo.
En esta experiencia como espectador pude notar algo, la mujer era tanto
víctima como victimario. Puede que en todos los casos no ocurra igual, pero
ella, en muchas ocasiones, instaba a su marido a perder los estribos.
Muchas veces pensé que la separación definitiva sería la
solución a esta relación; pero no ocurrió así; luego de varios meses lejos el
uno del otro, pudieron arreglar las diferencias y encontrar la manera de
remediar su matrimonio. A la fecha llevan
6 años de vivir una relación de pareja relativamente normal y hasta tienen una
hija de tres años.
Sería lo ideal que todas las relaciones tuvieran su final
feliz, como en los cuentos de hadas.
Pero no siempre ocurre así. Aún cuando las princesas sueñan con
encontrar el amor y besen al sapo para que se convierta en su príncipe azul,
existen los casos cuando los sapos no besan a las princesas. Relaciones que irremediablemente no tienen
solución; hombres enfermos que no cambiaran de ninguna manera, mujeres adictas
que no reconocerán su situación.
Es más común de lo que nos atrevemos a reconocer, mujeres
maltratadas por el hombre al que eligieron como su amante y compañero de vida,
con el que hicieron planes más allá de la muerte. Lo triste del asunto es la no aceptación de
la agresión. Las mujeres callan estas
situaciones emocionalmente perturbadoras por falta de autoestima, miedo a la
agresividad, a la vergüenza pública que conlleva reconocerse maltratada, la
dependencia, y lo que es más grave para mí: la tolerancia al maltrato.
La posición de la víctima puede ser comprendida en algunos
casos. Por un lado los amigos y otros
familiares que le piden se separe; por otro lado, una madre que puede pedirle
que aguante hasta que él cambie, posiblemente por tradiciones arraigadas a su
memoria que dicta que la mujer debe aguantar a su marido.
Todas las escenas de agresión tienen su propio trasfondo y
debería ser tratado de acuerdo a la situación.
Lo que por ningún motivo debería ser aceptado por una mujer es ser
agredida por su pareja. Sí creo en eso
de que si te pega una vez te puede volver a pegar; desde un principio la mujer
debe defender su derecho de ser
respetada; huir de relaciones de esta índole.
Aunque les platiqué de un matrimonio que en inicio se
sumergió en el maltrato y con un buen final, la tendencia es que no terminan
todos así. Si la mujer en su posición
de víctima no busca ayuda, menos lo hará el hombre agresor, que ejerce su
fuerza como manera de mostrar su poder.
Muy difícilmente reconocerá que está enfermo y necesita ayuda
profesional para curarse. Estas no son
cosas de las que se hable normalmente.
Aún hay cierto mito detrás de las relaciones enfermizas, que en muchos
casos termina en la destrucción de una o varias vidas. Hijos que callan, familias que voltean el
rostro, mujeres que agachan la mirada.
Es un tema relevante y que no se debe pasar por alto. No es un fracaso personal denunciar el
maltrato, fracaso sería vivir una vida entera sumergida entre golpes y
costillas fracturadas, entre gritos y llantos.
La mujer tiene un valor incalculable. Y en su hermosa vida puede que encuentre un sapo, que al besarle, se convierta en ese
príncipe azul.
jueves, 26 de enero de 2012
MIENTRAS GRITO IMPROPERIOS!!!
“La memoria es el único paraíso del que no
podemos ser expulsado”.
Cuando estaba en cuarto año de secundaria,
mientras hablaba a solas con una compañera que recién conocí, ella se detuvo y
me dijo –en medio del bullicio del
recreo– algo que quedó grabado en mi memoria hasta ahora: “Tu voz transmite paz”.
Muchos años después, hace un par de meses, una cliente con la que
hablaba telefónicamente me dijo exactamente lo mismo: “Tu voz transmite paz”. Yo en
mi mente pensé: Claro, lo dices porque
no me haz visto aquí emputa’o, cual alka
seltzer eferveciendo de insultos para luego quedar calmado.
En aquel entonces, en el colegio, cuando
afrontaba la adolescencia con mis problemas de autoestima y demás, asistía a
una iglesia donde me orientaron en mi relación con Dios. Nótese que hablo de relación, así como con un
amigo verdadero, sin máscaras, sin rituales, sin religiosidad. Lejos de los
gritos de un pastor que piensa que sus seguidores tienen problemas auditivos o
padres que hablan a una congregación durmiente, en un tono extraterrestre y en
medio de un templo con una acústica abrumadora y ofuscante. Bueno, esa experiencia me ayudó a aceptarme,
a conocerme como persona, a saber que estoy aquí por una razón; tal vez por ese
motivo mi manera de expresarme era relativamente como de aquel que tiene una
relación con Dios, o bueno, como se supone que debería. Ya con el tiempo me llenaría de vicios y me
dejaría llevar, sin oponer resistencias, por las cosas populares y que todo
mundo hacía, alejándome de aquella relación, pero que sin dudas dejó profundas
huellas en mi vida.
Alguna vez se han puesto a pensar en quien
creó la hermosa vista más allá de la asquerosa bahía que tenemos, o las maravillosas
islas que vemos cuando visitamos Bocas del Toro. Bueno, alguien o algo tuvo que
ponerlas allí. No pretendo hablarles de
religión o a que Dios deberían creer, o la forma en que deberían hacer lo que
sea que hagan. Una vez alguien me dijo
algo que resume esto, que existen variedades de iglesias y maneras de exaltar a
aquello en lo que crees para que nadie tenga excusa. Por ejemplo, no pretendan meter en Hosanna a
un cristiano que venga de Corea; aunque crean en el mismo Dios, saldría huyendo
por el alboroto. Cada quien lo hace a su
manera, a su modo. Por eso me molesta
tanto aquellos que van de casa en casa y te llaman durante media hora, tocan la
puerta, golpean los vidrios de las ventanas, siguen gritando y si pudieran abrirían
la puerta y fueran a tu cama; uno despierta malhumorado y lo único que tiene
ganas es de tirarle aceite caliente encima. Aún cuando el mensaje sea bueno, el método que
emplean puede no ser el correcto.
Nos pasa con nuestras amistades, con
nuestros compañeros de trabajo, con nuestra familia. A veces queremos trasmitirles algo, haciéndolo
a nuestra manera, con bulla, renegando; puede que lo que querramos decir sea un
mensaje transformador, pero el método que utilicemos hará que sea aceptado o no, que cumpla con su
fin. En mi experiencia laboral he
aprendido que no siempre gana quien tiene la razón sino el que maneja de mejor forma
la situación, quien se expresa correctamente.
Vaya si me gusta a mí defender mi punto de vista, pero mientras grito
improperios lo que hago sólo es desahogarme, no enriqueciendo a aquien me
escucha y mucho menos solucionando la situación.
Que bueno es desahogarse cuando algo o
alguien te saca de tus casillas, inclusive necesario; pero cuando uno se siente
explotar es mejor apartarse, romper cosas, golpear paredes, morder los bordes
de la cama, quedar en silencio, llorar, meditar, escuchar música renovadora,
volver en sí y seguir con la vida. Es
cierto que hay cierta gente que se merece golpearle con un bate en la cabeza
para hacerle entender; pero cuántas veces no hemos estado nosotros en esa
posición de intransigencia? Muchas seguramente.
Tengo una personal filosofìa de vida. No trato de cambiar a nadie, cuando quiero a
alguien en mi vida, le acepto tal cual es, con sus virtudes y defectos, y si
esas cosas malas son mayores a las buenas y no puedo soportarlas, simplemente
me aparto, tal vez esa persona no es necesaria en mi pequeño mundo.
Siempre hay gente que deja huellas en
nuestras vidas, buenas o malas; siempre hay relaciones que nos marcan. Como mi relación con un Dios real dejó
profundas huellas en mi manera de ver la vida, al punto de que cinco años después alguien pudiera
percibirlo. Así también algunas
relaciones me han enseñado a no esperar mucho de las personas, porque casi siempre
tienden a fallar.
Pues dejemos huellas en la gente a nuestro
alrededor, en nuestras relaciones. Qué bueno es que otros nos recuerden, al
final estamos aquí dejando pedazo de nosotros en cada lugar. Todo pasa, pero
siempre hay palabras, sonrisas, inclusive silencios que quedarán en la memoria
de otros; en ese lugar de donde no podemos ser expulsados.
martes, 24 de enero de 2012
LOSER LIKE ME! No por lo parece sino por lo que representa
Sí, puede que pienses que soy un cero,
Pero ya quisieras haber empezado como yo.
Puede que digas que soy un loco (no me importa)
Pero sólo dame algo de tiempo,
Apuesto a que cambiarás tu forma de pensar.
GLEE
No! No es una serie gay; que muestren un par y algunos otros lo
parezcan no lo hace el tema principal. Ahí van otra vez nuestros malditos
prejuicios que no nos dejan disfrutar de las cosas de la vida. Cuantas veces
nos hemos privado de disfrutar de algo porque nuestros prejuicios nos lo
impiden, o bien, cuantas veces nos hemos privado de conocer a una persona por
nuestros prejuicios (porque es afrodescendiente, indígina, asiático, nerd,
chacalito, chiricano y demás estereotipos). Simplemente, con este acto hacemos
eco de doña Florinda: “No te juntes con esa chusma”. Pero vaya! Si viven en la
misma vecindad y pues nosotros vivimos en el mismo Planeta que el resto de la
humanidad.
Durante 8 meses del año pasado decidí
mudarme de mi casa, separarme de mi familia para experimentar la vida de
independencia y fue una gran experiencia.
Yo detestaba a una compañera de la universidad por su manera de ser, mas
bien era la manera en que se expresaba; sin embargo, luego de una gira
universitaria a Bocas del Toro pude conocer a la persona detrás de la
apariencia y nos convertimos en grandes amigos. Se presentó la oportunidad de
mudarme al apartamento donde ella vivía.
Tomé la decisión y me fui. Con nosotros
dos vivía una chica-chico, como la presentaba yo a mis amistades. Sí, hablo de
una chica en el cuerpo de un chico (un travesti); pero quién era yo para
juzgarle, suficiente con mis demonios como para meterme con los suyos. A lo que voy, normalmente este no sería el
tipo de persona con el que me relacionaría por ningún motivo; sin embargo, tuve
la oportunidad de romper con un prejuicio, de conocer al ser humano detrás del
estereotipo. “Ella” me hizo ver que también es un ser humano -independientemente
de su condición- que siente, piensa, sueña, ríe, llora, se enoja y todas esas
cosas que hace el resto de los seres humanos. Pude escuchar su historia y lo difícil que fue
su niñez y aún su vida adulta. Qué bueno conocerle, esa convivencia me ayudó a
madurar y comprender cuan equivocado
estamos en muchísimas cosas.
Para mí el hecho de no crecer con mis
padres era una razón para no pasarla tan bien, a pesar de tener absolutamente
todo lo que necesitaba en casa. Todos
los niños en el colegio hablaban de sus padres y sus hermanitos, yo sólo podía
hablar de mi abuela. A parte, mis gustos
eran diferente al resto de los niños de mi edad, introvertido, lector, soñador
al borde de lo estúpido, pero así era y no lo podía obviar. Me sentía rechazado. Ya pasarían los años y con
la adolescencia conocería que soy una persona importante, y mi autoestima se
colocaría en el sitio correcto. Bueno, a veces me sobreestimo, pero siempre
tengo gente a mi alrededor que me hace volver en sí.
Me gusta Glee, no por lo que parece sino por lo que representa.
Esta serie de TV trata algo de
esto; de gente rechazada, apartada y que no encaja, con temas tan reales en
nuestro mundo, inclusive en nuestro pequeño país, como lo son la discriminación,
falta de autoestima, promiscuidad, el acoso escolar, la homosexualidad, la
discapacidad, problemas psicológicos y muchos otros; también muestra la
competitividad y el compañerismo como contraparte. Es un show y como tal busca llamar la atención.
La magia del show corre en los cliché; toman un estereotipo y lo exageran, el
bueno es muy bueno y hasta tonto, el malo es muy malo rozando en lo perverso. Si ven la serie notarán los acercamiento, los
colores, las imágenes, los diálogos, todo es exagerado. Oh! Cuanto sufro con ese guión, no es el
mejor, pero lo acepto porque de alguna manera deben justificar los “musicales situacionales”
que presentan (alrededor de seis por episodio).
Para muchas
personas esta serie puede ser una vía de escape a su mundo, como para otros son los
deportes o las artes, como para mí es la lectura. Si no han visto la serie, los invito a verla;
no aseguro que sea de su agrado, pero almenos sería una posición
fundamentada. Creo irresponsablemente
ridículo juzgar un libro por su portada, por una reseña; primero lo leo y luego
opino sobre él. Así deberíamos ser en todos
los aspectos de la vida; cómo sabremos que nos gusta o no cierto tipo de
comida, o equis estilo musical si antes no disfrutamos de él, no convivimos con
él.
En fin, que nuestros prejuicios no sean un
obstáculo para conocer gente extraordinaria, de quienes con mucha probabilidad
aprenderemos cosas impensables, o de disfrutar experiencias nuevas. Otra vez, salgamos de la celda en que nuestra
mente está prisionera. Las personas
diferente a nosotros no son mejores ni peores, sólo son así porque es la vida
que eligieron o la que les tocó vivir. Aceptemos, aprendamos, valoremos,
respetemos.
Y por supuesto: Don’t Stop Believin’
domingo, 22 de enero de 2012
SI SE QUEMARA UNA BIBLIOTECA
“Se envejece cuando se siente que es demasiado tarde, que la
partida esta jugada, que la escena pertenece en adelante a otra generación. El verdadero mal de la vejez no es el
debilitamiento del cuerpo: es la indiferencia del alma.” - Andre Maurois
Fui criado por mi abuela paterna en un mundo rodeado de
adultos. Esto de alguna manera me llevó
a estar siempre entre “conversaciones de grandes”, donde el silencio era la
mejor opinión y una sonrisa la respuesta correcta. Con el pasar del tiempo entendí que era mi
elección estar allí, siempre tuve la alternativa de jugar con mis primos o mis propios
juguetes; pero no, estar entre esos
gigantes tan cercanos me hacía sinceramente feliz.
Mi afinidad por las personas de pelo cano es
instantánea. Aún hoy cuando visito el
lugar donde me crié, prefiero ir a casa de las “abuelas/os” del barrio para
saludarles y escucharles por un rato, muy por encima de “parkiar” con cualquier
otro conocido que ronde mi edad.
Sí, lo sé! No soy
normal, ¿pero quién sí lo es? Ya hace
mucho que lo acepté.
Bueno, no traigo a colación esta afinidad mía con los adultos
mayores –como ahora socialmente se les
denomina– para parecer el más querido,
ni el de mejores sentimientos, ni el potencial director de un asilo, ni mucho
menos. Simplemente respeto la sabiduría;
y encuentro, muy frecuentemente, que las personas con más edad tienden a mostrar
su sabiduría con naturalidad, sin pretensiones.
Leí un verso de Marcel Proust que
puede explicar esta percepción personal: “La sabiduría no nos viene dada, sino
que debemos descubrirla por nosotros mismos, después de un viaje que nadie
puede ahorrarnos o hacer por nosotros.”
Detengámonos un momento y veamos el lugar que en nuestra distorsionada
sociedad le hemos dado a nuestros ancianos, aquellos que muy probablemente
visitarán lo desconocido antes que nosotros, pero que sin dudas estuvieron aquí
primero, cuando el mundo al que estamos
acostumbrados no existía y que era sólo un sueño; tal vez, el sueño de mucho de
ellos. Esta sociedad que valora muy poco
el papel que podrían jugar los ancianos
en lo que respecta a la familia y a la sociedad misma.
Ok, seamos menos generales y meditemos en la importancia que
le damos, en nuestras decisiones, a los
consejos que recibimos de los adultos que nos rodean. Sí, consejos sabios, pero que muchas veces no
los vemos como tal, cegados por las leyes de conducta generalmente aceptadas
por nuestros grupos sociales. Vaya, qué
sabrán de la vida actual esos viejos que no conocen qué es twitter, ni encender
un computador, que lo más tecnológico que pueden controlar es el mando a
distancia del televisor y no de muchos botones porque ya los escucharemos
pidiéndonos ayuda; y que por eso los abandonamos en un asilo para visitarlos, a turnos,
los domingos por espacio de una hora. Pagamos para que otros los cuiden. Sin valorar sus años, sus sentimientos, que
dieron todo por nosotros, que pueden aún tener anhelos. Como si ellos en su momento nos metieran en un
“hijilo” (asilo para niños) :S y nos
visitaran una vez a la semana a darnos un beso y decirnos que nos querían.
Esto me recuerda el libro “Agua para Elefantes” que tuve la oportunidad de leer a inicios del
año pasado y cuya historia me cautivó; cuenta la vida de un anciano de noventa
años abandonado en un asilo por sus hijos, a los que crió y cuidó, que lo
visitaban a regañadientes, una vez por semana. Sin embargo, este anciano, que
de joven trabajó en un circo y conoció allí el amor de su vida; aún mantenía la
esperanza en la vida misma. Y que por cosas del destino vuelve al ambiente
circense a verter sus conocimientos y sabiduría, tal vez, sobre aquellos con
hambre de un consejo.
Los ancianos vivirán, sin duda, mientras no pierdan la
costumbre de vivir.
En fin, esos viejos anticuados que se quejan de todo, que
todo lo comentan, que ya casi no escuchan, que se enferman con facilidad, que
poseen TODAS las mañas existentes y que hablan de medicamentos como nosotros de
música; ellos a quienes tomamos en cuenta muy pocas veces y todas ellas para
cosas inverosímiles. Vivieron antes de
nosotros, viven por nosotros, viven para nosotros. Su vida no la cuentan como nosotros lo
hacemos. Para nosotros vivir es ganar
cosas, ellos las pierden con el pasar del tiempo. Pero algo en que sin duda nuestra juventud no
puede superar a las canas es la experiencia, la sabiduría ganada con esfuerzo,
con sueños rotos, batallas perdidas, llantos a escondidas y algunas otras cosas
más.
Qué coño sabemos nosotros de la vida? Claro, en nuestra propia opinión tenemos “al
diablo agarrado por los huevos” (como acostumbra a decir mi abuela). Lo cierto,
es que somos más tontos de lo que somos capaces de reconocer, y ya eso es una
tontería en sí.
Siéntense un rato a escuchar a un anciano, o un adulto y,
quitando todos los prejuicios, absorban todos los buenos consejos que nos
pueden brindar, aun sólo con su mirada perdida en el recuerdo de cosas que
fueron o no llegaron a ser. Y de eso se
trata todo, de lo que fue o lo que nunca llegó a ser.
Salgamos de la celda en la que nuestra mente está prisionera
y aprovechemos a nuestros ancianos,
porque cuando uno de ellos muere es como si se quemara una biblioteca.
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