Así no se viste una persona normal.
¿Por qué escuchas rock? Esa música del demonio.
¿Para qué te tatúas?
¿Por qué andas con ese tipo?
Y esto es sólo por mencionar algunos ejemplos de todo tipo
de preguntas y afirmaciones que dictan las reglas de conductas generalmente
aceptadas por la sociedad, las personas que nos rodean. Los que tienen peores
vicios de los que juzgan. Que se escudan en el razonamiento de sus prejuiciadas
mentes. Que se limitan a aceptar sólo sus preconcebidas verdades.
Esta sociedad que nos siembra en el cerebro que para ser “felices”
necesitamos una pareja; o bien, casarnos, formar una familia, tener hijos,
verlos crecer; comprar una casa y, en el mejor de los casos, comprar un auto. Es
cierto, todas estas cosas son buenas y dignas de tener en la lista de
propósitos de fin de año; sin embargo, me pregunto: Y, ¿qué pasa con los que no
tienen alguno de estos ideales? Quienes no tenemos la prioridad de seguir sobrepoblando
la tierra, o casarnos. Para quienes el
amor de pareja va mucho más allá del formalismo de un contrato firmado.
Todas estas ideas sembradas son continuamente regadas por
nuestros cercanos y por los medios de comunicación. Un Hollywood que nos presenta la vida como un
cuento de hadas irreal; donde siempre hay que estar en busca del afecto de otra
persona para llegar a un bueno y repetitivo final: “Y vivieron felices para
siempre”. Y en el afán de satisfacer esta necesidad colectiva a la que somos
empujados, nos equivocamos. Le decimos sí a la primera persona que jura no
hacernos daño, quien nos regala una sonrisa, en quien encontramos aceptación. Para luego darnos cuenta que no es como lo
decían las películas, o como lo narran los cuentos, o como lo escuchamos alguna
vez. ¡Vaya sociedad!
Esta sociedad que te indica que para ser aceptados debemos
comportarnos de cierta manera, que sólo usando ciertos formalismos te estás
conduciendo correctamente; que juzga tu religión; que te dice que debes escuchar
cierto tipo de música, frecuentar algunos lugares y otros que ni por la puerta debes pasar. Ocurre mucho para
aquellos que se ven obligados a ir a un lugar religioso con sus familiares, aún
cuando no les interesa, sólo por cumplir. ¿Qué clase de hipocresía es esta? Si
al final no estás disfrutando de lo que haces, de profesas algo sólo por complacer
a alguien más, que muy posiblemente esté siguiendo un patrón aprendido, en contra de su criterio
propio. Si es que llega a desarrollar uno. !Vaya sociedad!
Esta sociedad que pretende meternos en la cabeza, a golpes,
que sólo si frecuentas cierto grupo de personas estás siendo buen ciudadano,
excelente hijo. Que pretende indicarte
la forma en que debes vestir; que juzga tu personalidad, tu preferencia sexual. Prejuicios que llevan a la gente cometer
errores de los que se puede arrepentir toda la vida. Convicciones escondidas en
aceptaciones que hieren. Personas que por
ocultar sus gustos, sus preferencias, deben usar máscaras, mentir para ser
aceptado. Simplemente para no ser un incorrecto ante aquella sociedad que
oculta sus propios demonios tras la máscara de santas enseñanzas.
Estúpida sociedad que queriendo inculcarte cosas “buenas”,
te impulsan a hacer lo opuesto, como un desquite de tu personalidad -por
llamarlo de alguna manera- para hacerle ver que no estás de acuerdo, y que
reduce tu actitud a un término: rebeldía.
Misma a la que eres conducido por los prejuicios de un mundo hipócrita e
ignorante.
Debemos ser auténticos, únicos, diferentes. No importando los prejuicios, afrontar
nuestra verdad, defender nuestras convicciones. Y como no me dejo llevar por
esas verdades preconcebías es que he de declarar que mi enemiga #1 es la
sociedad.
