“Se envejece cuando se siente que es demasiado tarde, que la
partida esta jugada, que la escena pertenece en adelante a otra generación. El verdadero mal de la vejez no es el
debilitamiento del cuerpo: es la indiferencia del alma.” - Andre Maurois
Fui criado por mi abuela paterna en un mundo rodeado de
adultos. Esto de alguna manera me llevó
a estar siempre entre “conversaciones de grandes”, donde el silencio era la
mejor opinión y una sonrisa la respuesta correcta. Con el pasar del tiempo entendí que era mi
elección estar allí, siempre tuve la alternativa de jugar con mis primos o mis propios
juguetes; pero no, estar entre esos
gigantes tan cercanos me hacía sinceramente feliz.
Mi afinidad por las personas de pelo cano es
instantánea. Aún hoy cuando visito el
lugar donde me crié, prefiero ir a casa de las “abuelas/os” del barrio para
saludarles y escucharles por un rato, muy por encima de “parkiar” con cualquier
otro conocido que ronde mi edad.
Sí, lo sé! No soy
normal, ¿pero quién sí lo es? Ya hace
mucho que lo acepté.
Bueno, no traigo a colación esta afinidad mía con los adultos
mayores –como ahora socialmente se les
denomina– para parecer el más querido,
ni el de mejores sentimientos, ni el potencial director de un asilo, ni mucho
menos. Simplemente respeto la sabiduría;
y encuentro, muy frecuentemente, que las personas con más edad tienden a mostrar
su sabiduría con naturalidad, sin pretensiones.
Leí un verso de Marcel Proust que
puede explicar esta percepción personal: “La sabiduría no nos viene dada, sino
que debemos descubrirla por nosotros mismos, después de un viaje que nadie
puede ahorrarnos o hacer por nosotros.”
Detengámonos un momento y veamos el lugar que en nuestra distorsionada
sociedad le hemos dado a nuestros ancianos, aquellos que muy probablemente
visitarán lo desconocido antes que nosotros, pero que sin dudas estuvieron aquí
primero, cuando el mundo al que estamos
acostumbrados no existía y que era sólo un sueño; tal vez, el sueño de mucho de
ellos. Esta sociedad que valora muy poco
el papel que podrían jugar los ancianos
en lo que respecta a la familia y a la sociedad misma.
Ok, seamos menos generales y meditemos en la importancia que
le damos, en nuestras decisiones, a los
consejos que recibimos de los adultos que nos rodean. Sí, consejos sabios, pero que muchas veces no
los vemos como tal, cegados por las leyes de conducta generalmente aceptadas
por nuestros grupos sociales. Vaya, qué
sabrán de la vida actual esos viejos que no conocen qué es twitter, ni encender
un computador, que lo más tecnológico que pueden controlar es el mando a
distancia del televisor y no de muchos botones porque ya los escucharemos
pidiéndonos ayuda; y que por eso los abandonamos en un asilo para visitarlos, a turnos,
los domingos por espacio de una hora. Pagamos para que otros los cuiden. Sin valorar sus años, sus sentimientos, que
dieron todo por nosotros, que pueden aún tener anhelos. Como si ellos en su momento nos metieran en un
“hijilo” (asilo para niños) :S y nos
visitaran una vez a la semana a darnos un beso y decirnos que nos querían.
Esto me recuerda el libro “Agua para Elefantes” que tuve la oportunidad de leer a inicios del
año pasado y cuya historia me cautivó; cuenta la vida de un anciano de noventa
años abandonado en un asilo por sus hijos, a los que crió y cuidó, que lo
visitaban a regañadientes, una vez por semana. Sin embargo, este anciano, que
de joven trabajó en un circo y conoció allí el amor de su vida; aún mantenía la
esperanza en la vida misma. Y que por cosas del destino vuelve al ambiente
circense a verter sus conocimientos y sabiduría, tal vez, sobre aquellos con
hambre de un consejo.
Los ancianos vivirán, sin duda, mientras no pierdan la
costumbre de vivir.
En fin, esos viejos anticuados que se quejan de todo, que
todo lo comentan, que ya casi no escuchan, que se enferman con facilidad, que
poseen TODAS las mañas existentes y que hablan de medicamentos como nosotros de
música; ellos a quienes tomamos en cuenta muy pocas veces y todas ellas para
cosas inverosímiles. Vivieron antes de
nosotros, viven por nosotros, viven para nosotros. Su vida no la cuentan como nosotros lo
hacemos. Para nosotros vivir es ganar
cosas, ellos las pierden con el pasar del tiempo. Pero algo en que sin duda nuestra juventud no
puede superar a las canas es la experiencia, la sabiduría ganada con esfuerzo,
con sueños rotos, batallas perdidas, llantos a escondidas y algunas otras cosas
más.
Qué coño sabemos nosotros de la vida? Claro, en nuestra propia opinión tenemos “al
diablo agarrado por los huevos” (como acostumbra a decir mi abuela). Lo cierto,
es que somos más tontos de lo que somos capaces de reconocer, y ya eso es una
tontería en sí.
Siéntense un rato a escuchar a un anciano, o un adulto y,
quitando todos los prejuicios, absorban todos los buenos consejos que nos
pueden brindar, aun sólo con su mirada perdida en el recuerdo de cosas que
fueron o no llegaron a ser. Y de eso se
trata todo, de lo que fue o lo que nunca llegó a ser.
Salgamos de la celda en la que nuestra mente está prisionera
y aprovechemos a nuestros ancianos,
porque cuando uno de ellos muere es como si se quemara una biblioteca.
Wao, me ha gustado tu post acerca de las personas mayores, me da mucha lastima cuando son menospreciados muchas veces por que, pensamos que simplemente no saben lo que dicen por que estan fuera de tiempo!
ResponderEliminarSi bien es cierto a veces me ofusco con mi abuela, pero al final siempre tiene la razon, jamas podre comparar su experiencia con lo que yo se, no por gusto ha vivido 87 anos, a pesar de haber solo terminado su 6to grado, sabe muchisimo mas que alguien actualmente este preparado profesionalmente, me gustaria aprender mucho de ella!
Primero que todo tengo que felicitarte por lo bien que escribes. Admiro mucho una persona que se esmera por mantener una buena escritura, se nota que lees mucho y tienes amor por las letras. También tengo que decirte que me gusto mucho la analogía que hiciste entre los ancianos y las bibliotecas te quedo excelente.
ResponderEliminarMe parece que tu artículo es muy bueno por resalta el valor de los ancianos, sobre todo porque perdí a mis abuelos siendo muy niña (No tengo abuelos paternos ni maternos). Gracias a Dios cuento con mis padres y ellos me han criado con mucho amor y ahora que están entrando en esa etapa en la que se convierten en adultos mayores valoró mucho sus consejos y trato de aprender de sus experiencias. Pero aún más importante trato de devolverles ese cariño que me brindaron de niña y agradeciéndoles por su apoyo incondicional. Están en esa etapa en la que yo estoy para cuidar de ellos, como ellos cuidaron de mi. Espero que continúes escribiendo artículos tan interesantes. Saludos :D
leyendo el comentario de linda, yo tampoco tuve abuelos, ni murieron ni nada, simplemente estaban ausente y ya mas nada.
ResponderEliminarasi que no tengo idea de lo que son los viejos ni nada de esa vaina. alguna vez yo me hacia de los abuelos de mis amigas mas cercanas, porque sentia que me hacia falta esa figura de viejitos sabios en mi vida.
porque como nos hace falta aquello q no tenemos. tuve la oportunidad de hacer voluntariado en un asilo de esos publicos, que no me acuerdo como se llama yen verdad daba tristeza ver como estaban los viejitos abandonados ahi...
me gusto mucho tu primer post! estuvo bueno y deja pensando mucho, queda abierto a mucho debate y conversatorio! muax
casualmente ayer 24, mi abuelo cumpliría 95 años de vida. ya no esta con nosotros pero lo importante es que sin darnos cuenta hemos heredado muchas cosas de el. Que bueno haber leído tu publicación justamente ayer.
ResponderEliminarpor cierto no eres el único guaje que conozco, yo tambien hablo con los señores y definitivamente cuando estas entre ellos la mejor opinion es el silencio.